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14 septiembre, 2012

Discurso del presidente del Partido Socialista Diputado Osvaldo Andrade Lara a la Conferencia Nacional Sindical

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Estimadas compañeras y compañeros, me es grato rencontrarme con ustedes en nuestra casa, no sólo por mi condición de Presidente del Partido Socialista de Chile, sino, también, porque he estado ligado permanentemente al mundo del trabajo, desde los años en que los derechos de los trabajadores eran conculcados por el peso de la noche dictatorial.

Estamos aquí para cumplir con el compromiso establecido en el XXIX Congreso del Partido Socialista de Chile, “Eugenio González Rojas”, realizado en mayo del 2011. En efecto, esta Conferencia Nacional Sindical surge de la reflexión del conjunto de los socialistas, en un momento en que nuestros adversarios políticos ¡la derecha! gobiernan nuestra patria, con los costos sociales que ello ha implicado para nuestros trabajadores y la ciudadanía en general. En un momento en que la letra chica, las triquiñuelas y la mentira pareciera ser el modus operandi de ésta nueva forma de gobernar, que se grafica, entre las múltiples que podemos citar, en la manipulación de las cifras de pobreza, en el fin de las listas auge por vía administrativa, en la reconstrucción posterremoto, en el perdonazo a grandes empresas como Johnson´s y la ayuda entregada a la Polar y, por cierto, a las Universidades y colegios que lucran con la educación.

Frente a ello, ha sido la ciudadanía y los movimientos sociales quienes han salido decididamente a manifestarse, recuperando las calles para el paso firme de quienes están cansados de tantos abusos y de permanecer callados, obligando al país a pronunciarse, al congreso a tomar posición e incluso, al gobierno, a modificar su agenda programática.

En consecuencia, esta Conferencia más que como un evento sectorial del Frente Sindical, es un imperativo socialista frente al país. Es la necesaria y urgente revitalización del vínculo de nuestra estructura con los movimientos sociales. Es, restituir el espacio protagónico de los trabajadores manuales e intelectuales, fruto de la larga lucha y experiencia del sindicalismo chileno, como actores principales en el diseño de una propuesta programática que atienda sus necesidades, considerando que el sentir ciudadano, nuevamente, señala su deseo que sea una militante de nuestras filas quién conduzca los destinos del país en el próximo período presidencial.

La compañera Bachelet, representa y sintetiza la madurez de este partido, que en su larga lucha ha bregado por los avances sociales alcanzados en nuestra patria y ¡cómo no!, ha dejado a muchos y muchas de los nuestros como testimonio de su consecuencia con los trabajadores. Basta mirar -a la entrada de esta sede- el memorial en homenaje a ellos y al mejor de los nuestros Salvador Allende. Eso, la ciudadanía y las nuevas generaciones lo valoran, por ello, reitero; Bachelet representa y sintetiza la madurez de este Partido.

Relación PS con Trabajadores

Nuestro Partido mantiene, de sus albores, una profunda ligazón y presencia con el mundo de los trabajadores organizados; por ello, hoy cuenta con destacados dirigentes de sindicatos, federaciones y confederaciones nacionales, además, de un gran número de asesores, investigadores y gestores vinculados al quehacer sindical. Podemos decir con orgullo, que nuestra presencia se extiende a la mayoría de las organizaciones sindicales del país.

No obstante, a veces, no hemos tenido la sabiduría y generosidad en la articulación de una convergencia que nos permita traducir, esta ventajosa presencia, en la necesaria unidad que contribuya a un protagonismo relevante en la conducción nacional del movimiento sindical. Ello, se vio reflejado en la reciente elección de la Central Unitaria de Trabajadores, en donde nuestra presencia se canalizó en dos listas distintas, competidoras entre sí. No es la única vez que así ha sido. No es casual que existan socialistas en las tres centrales que hay en Chile.

Pero, también, el movimiento sindical debe contribuir al desarrollo del país, uniendo sus esfuerzos con el cada vez más gravitante movimiento social; esa unidad de acción será determinante en la calidad de democracia que queremos para Chile. Se requiere de un sindicalismo potente que cuente con un programa social y político que apunte a la equidad, a transformaciones democráticas, a más y mejor conocimiento, a cambios profundos en nuestra legislación laboral y a impulsar un Estado protector para los chilenos, generando las bases de un nuevo desarrollo, que incluya, desde luego, a sus agentes productivos primordiales, los trabajadores.

Ante el avance de la derecha, no debemos descuidar la defensa de nuestros derechos y la institucionalidad que los protege, ni la construcción de una alternativa de gobierno que, desde el marco de las nuevas alianzas entre el centro y la izquierda, se haga cargo de las deudas que mantenemos con los trabajadores y trabajadoras. Pero, esta defensa del mundo laboral requiere, de manera irrenunciable, la búsqueda permanente de la Unidad de los referentes sindicales. Los socialistas debemos ser los campeadores de la unidad, pues sin ella nuestra labor se vuelve, aún más, cuesta arriba.

Materias laborales

Debemos apuntar hacia un nuevo modelo de relaciones laborales y un nuevo sindicalismo. Debemos laboralizar el debate nacional.

Pues en un contexto en que la economía chilena está creando más empleo, de lo cual la derecha hace gárgara, olvidando -como es natural y obvio- lo realizado por el gobierno de la compañera Bachelet para evitar que la crisis económica golpeara fuerte y por largo tiempo a nuestros trabajadores y trabajadoras, pero este empleo es precario, de mala calidad y con bajas remuneraciones, por supuesto, tampoco, esto lo señalan.

Así es compañeros y compañeras, tenemos un sistema económico que genera trabajo, pero, el que crea, es cada vez más precario. En efecto, la tasa de participación laboral de nuestro país es muy baja. Poco más del 56% de las personas en edad de trabajar tiene un trabajo. Por cierto, la tasa de participación laboral de las mujeres y de los jóvenes es aún más baja. Esto provoca que se reproduzca y amplifique el círculo de la pobreza de estos sectores que son los más vulnerables.

Un 25% de los trabajadores del país están en la informalidad. Son trabajadores sin condiciones básicas de seguridad laboral, sin cobertura de salud y sin cobertura previsional.

Existe una excesiva rotación en los puestos de trabajo, pues más del 35% de los contratos de trabajo son de carácter temporal. En el caso de los contratos indefinidos, más de la mitad de estos dura menos de un año.

Los trabajadores perciben muy bajas remuneraciones, pues, el 60% de los trabajadores chilenos dice percibir un ingreso mensual igual o inferior a $ 250.000, monto superior al salario mínimo mensual. La vilipendiada y manoseada encuesta CASEN por parte del Ministro Lavín, indica que aproximadamente dos millones de trabajadores perciben, en promedio, remuneraciones equivalentes a 1 ó 1,5 salarios mínimo mensual y, según datos recientes de la Fundación Sol, el salario mínimo actual sólo cubre el 62% de la línea de pobreza familiar (para un hogar promedio de 4 personas y donde sólo una trabaja). Como consecuencia de lo anterior, en el país muchas personas trabajan y son pobres.

En contrapartida, sólo el 1 o 2% de los trabajadores del país concentran los salarios más altos de la economía.

Las bajas remuneraciones de los trabajadores generan una profunda desigualdad en la distribución primaria del ingreso: Según los datos de la encuesta Casen, los hogares que pertenecen al decil más pobre de la población tienen un ingreso mensual promedio de $64.361; en cambio, los hogares que pertenecen al decil más rico su ingreso promedio mensual es de $ 2.958.175. Según estudios recientes, los ingresos de los hogares que pertenecen al quintil más pobre del país serían equivalentes al ingreso medio del Congo y los del quintil más rico serían equivalentes al tercer país más rico del mundo.

De manera complementaria, junto con las bajas remuneraciones crece el endeudamiento; así es, el 42% de los trabajadores declara tener al menos una deuda y un 20% reconoce tener entre dos y cuatro deudas simultáneamente. Los trabajadores asalariados, en promedio, destinan el 30% de sus ingresos al pago de deudas, excluyendo de éstas los créditos hipotecarios. A su vez, el 70% de las deudas de los trabajadores son con casas comerciales, las que cobran intereses más altos y, cuando no, auto-repactan –arbitrariamente-, como en el caso de la Polar.

Por otra parte, los trabajadores del país no se encuentran organizados y tampoco negocian sus condiciones laborales, poco más de un 12% de los trabajadores del país participan en alguna organización sindical; de éstos, el 8,1% corresponde a participación en sindicatos y, aproximadamente, un 3,1% corresponde a asociaciones de funcionarios o colegios profesionales.

No obstante, del total de trabajadores organizados en el país, aproximadamente un 6,5% negocia colectivamente sus condiciones laborales y sus remuneraciones.

A todo lo anterior, se suma un Código del Trabajo que contiene un modelo de organización del trabajo y de relaciones laborales obsoleto e ilegitimo, pues es una normativa que desconfía del diálogo y de la negociación entre trabajadores y empleadores; otorga al empleador un poder desmedido e incontrarrestable en la relación laboral; restringe, niega o dificulta la negociación colectiva; limita la libertad sindical; restringe a tal nivel el ejercicio del derecho a huelga que lo convierte en una herramienta completamente ineficaz; impide un sistema en que los trabajadores puedan participar de manera efectiva de las ganancias obtenidas por la empresa y que ellos contribuyeron a generar; permite el uso fraudulento de múltiples razones sociales por parte de las empresas que terminan por eludir o impedir el ejercicio de los derechos individuales y colectivos de los trabajadores, en suma, ampara el abuso.

Por ello, es que necesitamos reformular las instituciones y el marco normativo que regula las relaciones laborales, actualizándolo a los nuevos desafíos de la economía y del sector productivo.

En definitiva, los socialistas aspiramos a un Nuevo Código del Trabajo que promueva las relaciones de trabajo en un marco de respeto, diálogo, entendimiento y colaboración entre trabajadores y empleadores, nivelando la cancha entre los actores; que se haga cargo de regular las nuevas formas de relación laboral, me refiero a la subcontratación, al trabajo por horas, al trabajo a distancia, entre otras.

Que proteja decididamente los derechos de los trabajadores y que prevenga y castigue el abuso; que promueva las relaciones colectivas de trabajo por sobre las regulaciones individuales, a través de la ampliación de la negociación colectiva y del fortalecimiento de los sindicatos, en la perspectiva de generar un entorno que favorezca relaciones laborales modernas, justas y equilibradas.

Que fortalezca al actor sindical otorgándole la titularidad en el proceso de negociación colectiva, que mejore y simplifique el proceso de negociación colectiva y reduzca los plazos, promoviendo negociaciones con información oportuna, completa y actualizada.

Asimismo, que equilibre la posición de las partes en el proceso negociador, eliminando la facultad del empleador de remplazar los trabajadores en huelga y poniendo término al descuelgue de trabajadores. Que amplíe la cobertura de la negociación colectiva y las materias objeto de dicha negociación, cuando el titular de la negociación es un sindicato de empresa.

Un Código del Trabajo que permita -en forma efectiva- la sindicalización automática en el país. Que dignifique el rol y posición de los actores sindicales, promoviendo un sindicalismo fuerte, informado y consciente de sus derechos y de sus obligaciones. Un actor sindical socio del desarrollo y expansión de la empresa.

Requerimos de una normativa que resuelva las prácticas abusivas derivadas del uso del multirut, evitando el impedimento del ejercicio de los derechos colectivos de los trabajadores, que se fragmenten las organizaciones sindicales y se segmenten los procesos de negociación colectiva.

Un código que contemple un régimen de gratificaciones con base en las utilidades reales, a través del cual los trabajadores participen de manera legítima y efectiva de los resultados económicos positivos de la empresa que ellos mismos contribuyen a generar. Que asuma la seguridad y la salud de los trabajadores como un tema esencial del trabajo y que reconozca que los principales garantes de la seguridad y salud en el trabajo son los propios trabajadores y sus organizaciones sindicales.

Un código que otorgue protección real frente al desempleo. Que genere un balance virtuoso entre estabilidad laboral, flexibilidad productiva y protección frente al abuso. Que enfrente y regule los despidos masivos, ya que en estos casos existe un interés público comprometido.

Que proteja a los sectores sociales más vulnerables desde una perspectiva laboral, es decir, a aquellos trabajadores que poseen un riesgo relativo mayor de exclusión del mercado de trabajo, generando instrumentos e incentivos que mejoren sus condiciones de empleabilidad. Que ofrezca oportunidades reales a los trabajadores para decidir su capacitación. Que mejore las condiciones de empleabilidad y movilidad. Que apoye la productividad de las empresas y permita generar ganancias en competitividad en la sociedad global.

Que ofrezca y asegure igualdad de oportunidades reales entre hombres y mujeres trabajadores. Que avance en dar oportunidades de empleo a las mujeres, promoviendo la corresponsabilidad familiar en el cuidado de los hijos. Que contemple un esquema institucional de cuidado infantil que contribuya a eliminar las brechas de oportunidades que afectan a las mujeres para acceder a un empleo remunerado.

En suma, buscamos y promovemos UN NUEVO PACTO LABORAL basado en la cooperación y el entendimiento entre los actores sociales, que favorezca el diálogo y el acuerdo, que promueva y fortaleza la acción sindical, refuerce y favorezca las relaciones colectivas de trabajo y se haga cargo de los desafíos que impone el nuevo modelo de relaciones laborales, basado en un justa y equilibrada distribución de la renta del trabajo y del capital.

Conferencia, Unidad

Compañeros y compañeras, esta es la primera Conferencia Sindical que realizaremos tras nuestra derrota política y electoral de 2009. Vaya que nos ha dolido, no por la sola pérdida del poder, que nuestro partido persigue por vocación, sino, porque, cuando la derecha gobierna se retrocede en materia de logros sociales y laborales. Lo que ellos llaman excelencia de su gobierno, es excelencia para proteger sus intereses, que son los intereses de una minoría del país, los ricos y poderosos. Pero, además, duele la derrota, porque creemos que ésta también tiene relación con la consolidación de un conjunto de demandas sociales en el seno de la sociedad chilena, especialmente, de sus sectores medios y populares, que no fuimos capaces de abordar de forma adecuada o suficientemente desde la Administración del Estado, por cierto, también del rol que le cabía al PS jugar como organización. El ámbito de las demandas de los trabajadores y trabajadoras de Chile, muchas veces, estuvo en el centro de estos movimientos. Es por ello, que la mirada crítica y especialmente autocrítica debe tener una cabida en esta Conferencia; Pero, debe ser, en mi opinión, con altura de miras. Debemos aspirar a ser gobierno nuevamente avanzado en corregir aquellas cosas que hicieron que el ciclo político de la Concertación llegara a su fin. Y, claramente, las deficiencias en el ámbito de los derechos laborales deben ocupar un espacio importante en dicha reflexión.

Parte de estas carencias dicen relación con la disgregación interna del PS, una disgregación que uno podría señalar como positiva, pero que, a la larga, tiene sus efectos en el quehacer partidario, me refiero, en primer lugar, a que gran parte de la inteligencia partidaria se instaló en el ejecutivo durante los 20 años que gobernamos con la Concertación y, en segundo lugar, porque los espacios de decisión se concentran progresivamente en instancias parlamentarias, reduciendo con ello la incidencia de los movimientos sociales y de trabajadores en su interior.

Por lo tanto, no sólo debemos mejorar nuestra capacidad de hablarle a la sociedad, sino que, también, mejorar la incidencia e influencia de ésta en las decisiones del propio Partido.

Recuperar y fortalecer esa capacidad, entonces, es el objetivo que el Partido Socialista se ha planteado. Y para ello, se fijó dos tareas: desarrollar una Conferencia Nacional Sindical y reactivar y fortalecer el Departamento Nacional Sindical.

En este empeño, debo agradecer a un grupo de militantes cercanos al ámbito sindical y laboral, encabezados por el el Cro. Raúl Díaz, que han asumido una labor que tiene como objetivos la normalización del funcionamiento del DENAS, la activación de instancias regionales de dicho Departamento, culminando con la instalación de una nueva Directiva del DENAS, conformada por dirigentes sindicales activos, que asuma la responsabilidad de seguir con esta relevante tarea.

Un nuevo Departamento Nacional Sindical que se consolide como instancia permanente de articulación, debate, vinculación, formación de dirigentes sindicales y, por cierto, una instancia que asesore en materias propias de su quehacer a la Dirección del Partido.

Compañeros y compañeras, para el Partido Socialista es fundamental conocer qué pasa con los trabajadores en cada lugar y fábrica de Chile, promover la sindicalización, fortalecer las organizaciones sindicales, reinventarlas o recrearlas, si es necesario, con imaginación, con audacia y con la flexibilidad necesaria que haga falta para enfrentar desafíos complejos, relacionados con repotenciar al mundo de los trabajadores como un actor de primer nivel.

Esta visión está en el origen y vigencia de nuestro Partido, son su convicción, su sello, su espíritu inclaudicable de lucha, y todos estos elementos están -inquebratablemente ligados- con el mundo de los trabajadores.

Tenemos, por tanto, una tarea compleja por delante, pero sabemos que contamos con capital suficiente para enfrentar los desafíos presentes y futuros con decisión y claridad de propósitos, para avanzar en la construcción de un proyecto que nos permita volver a ser Gobierno con una voluntad claramente transformadora, progresista y de izquierda.

Compañeros y compañeros, reitero, debemos ser los adalides de la unidad de los trabajadores y laboralizar el debate nacional, para ello, ustedes son fundamentales.

Muchas gracias y mucho éxito.

 

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