Skip to content

27 mayo, 2014

Osvaldo Andrade: “El discurso de la Presidenta es una crítica a las teorías refundacionales”

1947182

En sus alocuciones, conversaciones e intervenciones en la Cámara de Diputados, el presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade, suele introducir anécdotas, analogías, cuentos, dichos e historias populares que recoge de la calle y de su experiencia de político a la vieja usanza. “Se me sale lo chileno”, suele justificarse, cuando no pocas veces la ironía con la que condimenta sus dichos le juega una mala pasada.

Entre sus varias construcciones, hay una a la que recurre repetidamente para controvertir a sus adversarios políticos.

“Resulta que el gato tiene cara de gato, patas de gato, orejas de gato, salta como un gato, maúlla, y este país es tan intolerante, que uno no le puede decir gato al gato”. La frase la utiliza esta vez para señalar a los que él llama “los más ricos” o “los poderosos de siempre”.

Usted y gran parte de los diputados oficialistas utilizaron un lenguaje en la discusión de la reforma tributaria que fue considerado como una “caricaturización” y que la propia Presidenta  Bachelet rechazó en su discurso del 21 de mayo. ¿No cree que ese tono contribuyó a polarizar el debate?

Probablemente. Yo he señalado que a mí me parece que todos cometimos el error de caricaturizar un poco con cierta facilidad. Los poderes fácticos en este país siguen operando, en todas partes, en todos los medios de comunicación. Porque son US$ 8.200 millones que en algún bolsillo ya no van a estar, o en algunos bolsillos; entonces, yo entiendo que estos niños griten en despoblado. Ahora, como este país es tan cartuchón, retiro el concepto de ricos si les molesta a algunos. Pero qué quiere que le diga: de que son ricos, son ricos.

Si eso polariza, por supuesto que polariza. Si es inevitable, si las reformas estructurales no son de buena crianza, generan, afectan intereses. ¿O usted cree que cuando hagamos la reforma educacional, aquellos que tienen 20 o 30 colegios se van a morir de la risa?

¿No le parece que el discurso de la Mandataria apuntaba a bajar el tono del debate, al introducir elementos y frases como que “Chile no parte de cero” o hablar de “gobernabilidad” y “responsabilidad”?

Es un reconocimiento de que nosotros tenemos una historia como gobiernos de la Concertación y que hay que hacerse cargo de ella. Creo que es un reconocimiento de que, a pesar de la crítica y autocrítica que hemos hecho de ese período, es muy importante en la historia política de este país. En 20 años se hicieron muchas cosas, y el discurso de la Presidenta es una crítica a las teorías refundacionales, porque lo que la Presidenta dice es: “Mire, este es un gobierno transformador que va a enfrentar el nuevo ciclo y los problemas del nuevo ciclo”, pero no por eso se va a olvidar de lo que hizo esta coalición. Y nosotros somos tributarios de esa coalición también. Con sus dulces y ácidos, aciertos y desaciertos. Creo que la Presidenta apunta bien desde ese punto de vista.

¿Comparte la reflexión de su par DC, Ignacio Walker, quien interpretó el mensaje de la Presidenta como un freno a la “tentación refundacional”?

No sé si es un freno, pero es una opinión contundente de alguien que en 70 días ha planteado reformas trascendentales al país.

La invitación que le hizo la Presidenta de Chile al país es un proceso de transformación en el marco de la institucionalidad, con respeto a la democracia y los ritos democráticos. La Presidenta hizo un señalamiento desde el punto de vista de la teoría política muy relevante. Dice: “Chile necesita cambios transformadores, no cosméticos, pero los vamos a hacer con respeto al diálogo político y a la democracia”.

¿No le parece que la Jefa de Estado le puso freno de mano a su programa transformador?

El mensaje que nos transmite es que tenemos que hacernos cargo de los cambios que este país necesita, a un ritmo adecuado, pero lo vamos a hacer. No nos olvidemos de eso. En consecuencia, ella reitera el compromiso con la ciudadanía, dice que se va a hacer con diálogo, pero le pone una condición a ese diálogo: es un diálogo para avanzar, no para retroceder.

Pero es un diálogo que dura hasta que se decide ejercer la mayoría, parafraseando lo que la propia Presidenta Bachelet dijo en su discurso…

No conozco ningún diálogo que no tenga límites. Si alguien me dijera cuál es el diálogo sin límites, lo escucho, pero no conozco, en ningún proceso histórico, en ninguno, un proceso de diálogo sin límites. Llega un momento en que se agota y hay que tomar decisiones. La ciudadanía nos dijo en las elecciones: “Hay que hacer los diálogos en un clima adecuado, pero esta es la última oportunidad que ustedes tienen para cumplir sus compromisos”.

Sectores de la oposición, empresarios, han acusado cierta soberbia del gobierno al no estar disponible para el diálogo. ¿No le parece arriesgado apostar por que el éxito de las reformas esté dado por la utilización de la mayoría?

Pareciera ser malo para la democracia que se imponga la mayoría. Mire, me parecen desafortunados y fuera de lugar los conceptos de “aplanadora” y “retroexcavadora”. Dicho eso, pareciera ser incómodo, desafortunado que la mayoría pese más que la minoría… O sea, lo que intenta imponer la derecha, y algunos otros, es que la minoría sigue teniendo un cierto poder de veto y, en consecuencia, si las cosas no se hacen con la minoría, no sirven o carecen de legitimidad. La ciudadanía, el soberano, nos entregó esta responsabilidad y cumpliremos el mandato.

El poder de veto que se le ha achacado a la UDI, ¿ya no existe, según su reflexión?

Absolutamente. Se los dije a los empresarios cuando conversé con ellos: “Lo que ustedes tienen que entender es que el veto que ustedes tenían instalado en el Parlamento se deshizo, no existe y, en consecuencia, hoy ustedes están en condiciones de entenderse directamente con la mayoría. No necesitamos interlocutores, no necesitamos intermediarios, no necesitamos agentes oficiosos, porque a usted, además, eso le sale caro”.

¿Y qué le respondieron los empresarios?

Escucharon, escucharon con mucha atención.

¿Qué cambiaría de lo que se hizo en la reforma tributaria, en el debate sobre la reforma educacional, para evitar otro problema, que son las críticas y diferencias evidentes en la Nueva Mayoría?

Me preocupa. Pero hay que ocuparse de las preocupaciones, y eso significa tener un diálogo muy fluido al interior de la Nueva Mayoría, y efectivamente tenemos opiniones distintas. Yo también quiero recordarles a aquellos que hoy admiten y anuncian matices que el documento que firmamos como presidentes de partidos contenía buena parte de lo que hoy son las reformas. Entonces, yo pido que no nos olvidemos de los compromisos. Recuerdo y reitero que todos los candidatos tenían su foto con Bachelet, y cuando Bachelet nos envía un proyecto de ley, lo mínimo que podemos tener es disposición a respaldarlo. Discutiremos los detalles, pero los compromisos se cumplen.

¿Está exigiendo a los partidos un ejercicio de disciplina?

Lo que digo es que en lo que viene, la reforma educacional, hay que tomar más cafecitos. Hay que generar más condiciones de diálogo y hay que entender que el solo ejercicio desde la disciplina no es suficiente. Entiendo un ejercicio de disciplina en el caso de reforma tributaria por la necesidad de celeridad de su aprobación. Lo comparto incluso. No tengo objeciones al respecto. Pero los ejercicios disciplinarios en política requieren de fases previas muy relevantes y hay que darle mucho énfasis a eso. Hay que hacer un esfuerzo de explicación mucho más significativo que el ya realizado, y así nos evitaremos problemas.

 

Leer más de Sin categoría

Leave a comment